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viernes, 19 de febrero de 2016

Umberto Eco: Adiós al gran maestro


Umberto Eco (1932-2016)
"Los libros no se han hecho para que creamos lo que dicen, sino para que los analicemos. Cuando cogemos un libro, no debemos preguntarnos qué dice, sino qué quiere decir”

Su partida este 19 de febrero me ha hecho recordar de golpe toda la emoción personal que me regalaron sus libros. En especial "El nombre de la rosa". 
Eco fue el maestro lejano que me permitió edificar un mundo extraordinario hecho de palabras, de erudición y de agudo pensamiento. Pero sobre todo fue un crisol de placer espiritual, literario y estético. 
Incluso con su muerte me ha vuelto a regalar un momento de reflexión y de introspección. 
Tal vez aquel mocoso que leía sus relatos estaba más cerca de la lucidez que el adulto en el que se convirtió al pasar los años. 
Hoy, al escribir estas líneas, por un momento vuelvo a ser aquel mocoso lleno de ilusión para despedirme de un maestro generoso.
Gracias, Umberto Eco.

"Stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus"



lunes, 21 de abril de 2014

Requiem: Gabriel García Márquez

Confieso que no he leído tantos libros como he querido. Cuando era un niño se me ocurrió leer alguna de las obras que mi padre tenía en un viejo estante de madera. Recuerdo haber leído a Shakespeare, Julio César y Romeo y Julieta, recuerdo haber intentado entender esas obras, recuerdo tener un diccionario a mi lado y aún así no entender bien lo que decían esos señores, recuerdo haber pensado "¡qué rara forma de escribir!" y haberme preguntado "¿por qué cada parte tiene que decir el nombre de la persona que habla?". Me tomó tiempo entender que eso era teatro y que definitivamente Shakespeare no era una lectura para niños. Recuerdo haber leído los Cuentos de Amor, de Locura y de Muerte de Horacio Quiroga y haberme espantado con las cosas que en ellos se describían. Recuerdo haber leído María de Jorge Issacs y haber pensado "!no puede haber algo más aburrido que esto¡". Recuerdo haber intentado leer Moby Dick de Herman Melville y haber abandonado la lectura porque simplemente parecía un ensayo sobre ballenas y no una novela. Recuerdo haber leído a Neruda, a Vallejo, a Ciro Alegría, recuerdo poesía, teatro y novela.

Un día, una persona me hizo llegar un libro grueso, de tapa dura y marrón, hojas muy blancas y delgadas, letra muy pequeña. Recuerdo haber pensado "¡esa letrita y es tan largo!", espantado. Sin embargo el titulo me llenó de intriga: Cien Años de Soledad. Sólo pensar en la posibilidad de que una persona pase 100 años en completa soledad, me llenaba de algún tipo de angustia, y me preguntaba qué se podría hacer en ese largo tiempo y estando solo.
Sólo por ese titulo empecé a leer ese libro que me parecía inmenso e interminable y fue así que empezó mi gran aventura:
Mucho tiempo después frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía habría de recordar el día en que su padre lo llevó a conocer el hielo.
¿Había alguna frase que capturara más el interés de un niño? Ahí estaba todo: la curiosidad por conocer algo nuevo, el vínculo con el padre y los recuerdos siempre presentes, aún en momentos tan horrendos como estar ante una muerte segura.

Y fue así que leí ese enorme libro. Me tomó semanas, no me fue fácil, tuve que releer varias partes para poder recordar detalles o simplemente porque me gustó lo que leí. Mucho tiempo después, ya en los años de secundaria en el colegio, mi profesora de literatura nos hizo leer aquella extraordinaria obra, y nos aconsejó que hiciéramos un árbol genealógico para poder entenderla, "¡qué pérdida de tiempo!" me decía, simplemente porque yo recordaba todo ese árbol genealógico sin necesidad de escribirlo, sólo por el hecho de que me había maravillado esa obra.

Durante años imaginé cómo podría ser Macondo, si sus calles tendrían o no asfalto, si sus casas tendrían más de dos pisos, y lo comparaba con muchos lugares que iba visitando. Durante años también me imaginé a Úrsula Iguarán como una mujer sumamente dura y fuerte, una viejecita capaz de hacer saltar de su sitio al más duro militar con sólo una palabra. Soñé con cómo podría ser el rostro de Remedios la Bella y qué tan caras podrían haber sido las sábanas que se llevó al cielo.

Cien Años de Soledad hizo algo más que hacerme soñar, ya nada parecía ser lo mismo, todo lo que leí después parecía no ser suficientemente bueno, me refugié en la ciencia ficción para sustituir en algo esa necesidad de leer algo excepcionalmente maravilloso, esperaba que Asimov o Clark pudieran darme algo parecido.

Por esos años, decidí conocer algo más del genio que me había dado Cien Años de Soledad y fue así que llegué a conocer a Eréndira y llegué a odiar a su terrible abuela, me apené por el destino trágico del amor de Florentino Ariza por Fermina Daza, aunque disfruté con sus aventuras mientras lograba abordar aquel mítico barco a través del río Magdalena, también me indigné con la muerte de Santiago Nassar.

Deliberadamente, nunca intenté conocer nada de la vida personal de aquel genio, nunca intenté saber si tenía hijos, si era casado, si seguía viviendo en Colombia. Siempre lo imaginé como un tipo con el que valía la pena tener una conversación y ese siempre fue mi anhelo, tener sólo 5 minutos frente a frente para arrancarle unas palabras, una respuesta a alguna pregunta, o para que me dijera si Macondo tenía calles asfaltadas.

El jueves 17 de abril me enteré de que ese anhelo no sería posible nunca pues aquel genio había partido ya, se había ido quizá buscando a Remedios la Bella o a navegar por siempre por algún río a bordo de un barco en un ir y venir constante.

Gabriel García Másquez ha partido, nos ha dejado y a pesar de que nunca supe nada de su vida, siento que lo conocí bastante bien, incluso no me es muy difícil imaginar como sería conversar con él, aunque se me hace difícil imaginar qué me diría.

Descansa en paz Gabo y gracias por hacerme soñar tantas veces.

Por mi parte, creo que es hora de volver a la librería.

domingo, 10 de febrero de 2013

Tres nombres de mujer

Tres nombres, tres recuerdos, tres momentos que me atrevo a compartir solo para no olvidar que la magia existe. 

J en el umbral. Había sido un año terrible. Al menos para mí que no sabía nada de la vida. Terrible año y aun peor forma de despedirlo: entre amigos deseosos de pasarlo bien en una fiesta. Recuerdo que toda la noche rumié mi pena en una silla hasta que J me invitó a bailar (cortesía de un amigo que la conocía). Solo bailé una vez y hasta el día de hoy no recuerdo cómo lucía J. Los meses siguientes fueron de esperanza, todo parecía mejorar, sentía el alma libre, nada grave me inquietaba. Y confieso que en todo ese tiempo nunca pensé una sola vez en J ni en aquel encuentro. 
Pero una noche, casi un año después, con el corazón rebosante, salí rumbo a una de aquellas fiestas que siempre estaban a unas cuadras de casa. Caminaba feliz y recitando un poema de Baudelaire. Llegué a la reja de la fachada y traspasé ensoñado el pequeño jardín. Podía ya ver las luces de colores y la música se dejaba oír cada vez más cerca. Crucé el umbral de la puerta con mi mente en algún lugar muy lejos de allí. Pero entonces J pronunció mi nombre. Y aun sin recordarla, sin siquiera verla, supe que era ella.

S danza para mí. Pasó el tiempo y mi corazón adolescente se negaba a morir. A S la conocí a su estilo: apareció de pronto, sin pedir permiso y deteniéndose a mirarme como si fuese el bicho más extraño con el que se hubiese topado. Pocos días después me encontraba en la fila de un cine club que ya no existe. Mi mente divagaba en un lugar muy lejos de allí, ensoñado en un jardín desde el que podía ver las luces de colores y escuchar la música que se acercaba a mí. 
De pronto, sentí que alguien tocaba mi hombro y al girar, dos personas más atrás, estaba S, que me miraba ahora recogida en sí, tras haberse estirado cuan larga era. “Hola” me dijo. “Hola”, respondí, y luego le di la espalda, compré mi boleto y me dirigí a la entrada del cine. Pero a medio camino algo me detuvo y la esperé. 
Entonces ella me dio el alcance y recuerdo haberle dicho: “Si quieres podemos ver juntos la película, pero si prefieres hacerlo sola, está bien”. Ella solo me miró. Vimos Los juncos salvajes (Les Roseaux sauvages, 1994) de André Téchiné. A la salida, S me guió dando pasitos de ballet hacia su casa. La recuerdo danzando frente a mí, en aquella larga avenida ajena a ambos y a aquella noche.

M y el cuaderno de bitácora. Pasó aun más tiempo, pero seguía siendo el de antes. Una noche, M estaba en mi habitación. Allí mis cuadernos de bitácora se apilaban uno sobre otro. Ella cogió uno, curiosa como la pequeña niña que lleva en su interior. 
Leía en silencio, pasaba las páginas con delicadeza y parecía transportada a otro lugar muy lejos de allí. A un lugar con una reja en la fachada, con un jardín, con luces de colores y música cerca; a la fila de un cine club en donde se proyectaba Los juncos salvajes de André Téchiné. De pronto levantó la mirada triste y sin decir una palabra se dirigió a la puerta. Allí me dijo: “Por favor, déjame salir”. La vi irse por la oscura vereda casi como huyendo. Regresé a mi habitación y vi el cuaderno aún abierto. Lo cerré despacio, con nostalgia, y tras varios minutos, salí detrás de ella. 
Caminé en su busca, como en las noches en que sin rumbo mi corazón me dirigía al lugar que anhelaba. Caminé sin prisa, ajeno al tiempo transcurrido, a las personas, al ruido de los autos, a que M podía estar ya muy lejos. Entonces la vi, pequeñita, sentada en la banca de un parque. Me acerqué a ella y la tomé de las manos.


jueves, 13 de diciembre de 2012

Si buscas un libro esta Navidad

O si buscas un libro en cualquier momento. Esta lista la hicimos en un breve recorrido para compartir algunos títulos que nos llamaron la atención. Hemos colocado datos locales, pero si vives en otro país puedes hallar la mayoría en tiendas virtuales como Amazon. 

Salvo el de Los superhéroes y la filosofía, todos los demás tienen los precios con que son ofrecidos en estos días de fiestas. Encontramos uno que gustará a los amantes del rock nacional: Se acabó el show: 1985, el estallido del rock subterráneo.

Escogimos libros de precios no muy altos (hay de todo un poco) y decidimos colocar el nombre de las tiendas solo para facilitar su ubicación (siempre puedes buscar en otra cadena para comparar precios). Esperamos les guste y prometemos hacer más recorridos. 

Los superhéroes y la filosofía. El mundo de los superhéroes y sus dilemas morales trasladados a las diversas corrientes filosóficas. Catedráticos de filosofía de Estados Unidos se acercan a este género de los cómics con una visión diferente. Este libro lo adquirí hace unos meses, por lo que solo en este caso el precio ha podido variar.

Autor: Tom Morris - Matt Morris
Blackie Books
Precio: S/. 77
Crisol


Los hombres que no amaban a las mujeres. Si te gustó The Girl with the Dragon Tattoo (2011) de David Fincher, o como la estrenaron por estos lares La chica del dragón tatuado, pues esta es la oportunidad de adquirir el libro escrito por Stieg Larsson (1954-2004) con el que inició su trilogía Millennium. El título con el que puedes hallar la novela es Los hombres que no amaban a las mujeres y esta edición tiene un precio accesible.


Autor: Stieg Larsson
Precio: S/. 52
Crisol



El puente de los asesinos. Arturo Pérez-Reverte es un prolífico escritor de ingeniosos relatos. El Club Dumas (1993) es uno de sus mejores escritos, pero si te gusta las grandes aventuras al estilo de Los Tres Mosqueteros, debes conocer la saga del Capitán Alatriste (1996). Esta vez elegimos una de las más recientes entregas del valiente capitán.

Autor: Arturo Pérez-Reverte
Alfaguara
Precio: S/. 59
Zeta Bookstore



Imágenes de los Rolling Stones. Este libro de bolsillo y de cubierta dura recorre el ascenso de la banda inglesa a través de una buena selección de fotografías.



Autor: Susan Hill

Parragon Book

Precio: S/. 29

Zeta Bookstore





Se acabó el show: 1985, el estallido del rock subterráneo. Por el tema, por el tipo de diseño, por el estilo del contenido, el libro mismo es la imagen viva del rock nacional a través de la historia de cinco bandas emblemáticas. El precio está un poco fuera del promedio de esta lista, pero es un título tan alejado del circuito tradicional que bien vale el riesgo. 

Autor: Carlos Torres Rotondo
Precio: S/. 100
Crisol




Historia del Tahuantinsuyu. ¿Por qué un libro de historia? Porque nadie como María Rostworowski para contarnos los orígenes de los antiguos pobladores de nuestro país. Este es un gran regalo para quienes están interesados en conocer la historia del imperio incaico tal como realmente fue y no como los libros escolares lo narran. 

Autor: María Rostworowski
IEP (Instituto de Estudios Peruanos)
Precio: S/. 25.
Crisol 




Biblioteca Breve. Esta colección la podrás reconocer por su pequeño formato (al estilo de los libros de bolsillo) y por su cubierta acolchada. 
Reúne diversos géneros (historia, biografías, mitos y creencias, entre otros) con temas interesantes, muy bien traducidos y editados. Otro atractivo es su precio (entre los 15, 19 y 23 soles según los temas). Escogimos dos:


Edimat Libros
La Gestapo Historia del Servicio Secreto. Precio: S/. 19
Cien Grandes Películas de Siempre. Precio: S/. 15
Crisol 


Cómics. Hallamos una gran variedad de cómics de diferentes precios. Hay para todos los gustos y solo este género nos tomaría varios posts. Elegimos tres títulos que nos llamaron la atención.  

La muerte de Los Stacy. La saga completa de uno de los acontecimientos clave en el mundo no solo de Spiderman, sino de los cómics en general. Tiene una buena presentación en tapa dura y con la introducción de Julián Clemente, reconocido editor de varias colecciones de Marvel para diversas editoriales. De niño tuve en mis manos la historia que ilustra la portada y es simplemente impactante. 

Panini Cómics
Precio: S/. 34
Crisol


Kick-Ass. Toda la saga escrita por Mark Millar e ilustrada por John Romita Jr. en una edición de tapa dura. Si te gustó la película (Kick-Ass, 2010), bien puedes animarte por conocer la versión original en este volumen de 224 páginas.

Panini Cómics
Precio: S/. 79.5
Crisol 



Planeta Hulk. Sí, reconocemos que la idea era una lista con precios medios, pero qué podemos decir, lo vimos y no podemos dejar de colocarlo aquí.

Panini Cómics
Precio: S/. 125
Crisol







viernes, 7 de septiembre de 2012

El mundo de Don Camilo

Don Camilo (1952) en la versión de Julien Duvivier.
“Mi mundo pequeño” le decía Giuseppe Guareschi (1908-1968) a aquel pueblo que recreó a orillas del Po para alegría de quienes hemos conocido a Don Camilo, Peppone, El Flaco, el Pardo, el Brusco y todos aquellos entrañables personajes llenos de ternura, pero también de furia, de dolor, de rabia y de una forma primitiva pero también más sana de vivir.
Guareschi supo plasmar los avatares de aquella Italia de la posguerra, los vaivenes terribles de la política y de cómo al final la vida se reduce, al menos en aquel pequeño mundo idealizado, a sacarle lo necio al prójimo con una recia trompada sin que por ello se le dejase de respetar.

Aún sobreviven aquellas historias en antiguas ediciones como las de Oveja Negra. Así que, en caso te encuentres con esta pequeña colección de relatos, toma el libro sin dudar. Son historias cortas, hilarantes, ocurrentes, sentimentales y con verdades tan simples que solo pueden hallarse en un libro como este. El mejor es el que se titula Don Camilo a secas, pues en las siguientes andanzas del buen cura, Guareschi pierde algo del encanto duro y sincero del original.

El Don Camilo (1984) de Terrence Hill .
Hay una película de Terence Hill (Don Camillo, 1984) que hace una versión libre (y bastante injusta) de aquel libro; y también una versión más fiel de Julien Duvivier realizada en los cincuenta. Aunque me quedo con el Don Camilo que imaginé en aquellas horas de total felicidad, de risas y carcajadas, de conmovedoras verdades y del deseo de ser “grande como una torre y con manos tremendas como palas” para impartir justicia como lo hacía aquel héroe de sotana, aunque luego El Cristo de la iglesia lo reprendiese.

El valiente Guareschi. 

Periodista, escritor y dibujante, Guareschi era tan valiente como Don Camilo y decir la verdad le valió ser detenido y encarcelado en varias ocasiones. Viejo lobo sabio, conocía la ponzoña de las ideologías absurdas y por ello se dio tiempo para señalar que el Cristo del que hablaba, que el Don Camilo que describía y que el Peppone y compañía que siempre tenían algo entre manos eran de su inspiración; que el Cristo no representaba al de la Iglesia, ni Don Camilo a los curas ni  Peppone a los políticos de ningún lado. Era su mundo pequeño, ideal y en el fondo inocente, y por eso, mucho mejor que el de verdad. 

Don Camilo es un libro recomendable para descubrirlo y releerlo una y otra vez. 

Bravo, Don Camilo”, diría el  Cristo del altar. Y Peppone, a regañadientes, estaría de acuerdo.



miércoles, 22 de agosto de 2012

El mundo de Tolkien

La obra de Tolkien sirvió de inspiración a reconocidos dibujantes.
Si algo gustó en la saga de El Señor de los Anillos (The Lord of the Rings) de Peter Jackson fue la impecable dirección artística. Y es que parte del mérito de Jackson fue guiarse de ilustradores como John Howe y Alan Lee para dar vida a aquel maravilloso mundo que Tolkien creó en sus obras. 

El escritor de El Hobbit y El Silmarillion era minucioso en las descripciones de los personajes, la geografía de su querida Tierra Media, los grandes castillos y las imponentes batallas. 
Howe y compañía supieron reflejar aquella fantasía solemne, el andar incansable de Gandalf, la caída de  Gondolin, la naturaleza alegre de los hobbits o la efigie terrible de Melkor.


Un escritor lleno de fantasía y arte. 
Todas esas imágenes son un homenaje a un generoso escritor que nos recordó que las obras literarias pueden ser bellas, imaginativas y aspirar al placer de la pura fantasía, pero sobre todo, ser esperanzadoras. 

Al fin y al cabo, Tolkien escribió El Hobbit para sus hijos, y  al igual que Bilbo Baggins cruzó una puerta que lo llevó a un mundo inolvidable.  



“It's a dangerous business, Frodo, going out your door. You step onto the road, and if you don't keep your feet, there's no knowing where you might be swept off to.”
(The Hobbit, J. R. R. Tolkien)



Alan Lee (Inglaterra, 1947). Es uno de los ilustradores más reconocidos en la obra de El Señor de los Anillos. De estilo más bien clásico, fue tomado como referencia para la saga de El Señor de los Anillos de Peter Jackson.





John Howe (Canadá, 1957). Este célebre dibujante ha sido esencial en las cintas dirigidas por Jackson. También colaboró en la adaptación de Las Crónicas de Narnia y en la recienta cinta de El Hobbit. 
Página oficial: www.john-howe.com










Ted Nasmith (Canadá, 1956). Dedicado sobre todo a ilustrar la obra de Tolkien (El Hobbit, El Señor de los Anillos, El  Silmarillion), puede decirse que su estilo se ubica entre el de Alan Lee y John Howe. 
Página oficial: www.tednasmith.com



Greg y Tim Hildebrandt (1939, Estados Unidos). Los hermanos Hildebrandt crearon incontables imágenes para relatos fantásticos y de ciencia-ficción. Realizaron además los afiches originales de Star Wars e ilustraron El Señor de los Anillos. Tim Hildebrandt falleció en 2006. 
Página de referencia: www.brothershildebrandt.com






viernes, 10 de agosto de 2012

El terror en el romanticismo

Frankeistein dibujo de B. Wrightson.
Hoy en día que están de moda las novelas de vampiros y similares nos preguntamos cuántos saben que Gustavo Adolfo Bécquer, aquel famoso poeta romántico del siglo XIX, fue un eximio escritor de relatos de estilo gótico. Si bien el romanticismo en la literatura se relaciona popularmente con la poesía y la celebración del amor, lo cierto es que dicho género se adentraba en las vicisitudes del alma y apelaba a la imaginación, la fantasía, la exaltación de los sentidos, a la trascendencia y el misticismo.

Si pensamos en el amor, la mayoría puede imaginar las bellas Rimas de Bécquer, pero lo cierto es que dicho sentimiento coexiste con el desengaño, la desilusión, la traición y una serie de experiencias que pueden vincularse al tormento y la muerte. Así, los elementos relacionados con la iluminación y la alegría del amor pueden saltar a la desesperanza, a la oscuridad de la noche como metáfora del alma sufrida y con ella, a la aparición de un mundo fantástico y onírico en donde los seres nocturnos dejan de ser bellas criaturas para convertirse en demoníacas y fatales presencias.

Fácil es comprender entonces que el romanticismo produjese relatos tormentosos e incluso oscuros, en donde por contraposición a la alegría de la vida (reflejada en la consumación del amor o el alcance del objeto amado) se tiene la condena de la muerte (o el amor no alcanzado). Las desventuras del joven Werther (1774) de Goethe es una bella novela de amor romántico, pero del amor no correspondido y por ello del sufrimiento del amante solitario.

El lado oscuro del romanticismo.
Parte de esta literatura desencantada tomó como base el tormento y la fatalidad de la naturaleza humana. A dicho estilo se le llamó romanticismo oscuro que tuvo su origen en Estados Unidos a inicios del siglo XIX y en el que Edgar Allan Poe es uno de sus representantes. Antes que seres fantásticos y hechos sobrenaturales, los relatos de Poe y del romanticismo oscuro giran en torno al tormento sicológico, a la angustia del ser humano en situaciones extremas o a la perfidia de que es capaz. Sin embargo, un relato como El extraño caso del señor Valdemar (The facts in the case of M. Valdemar, 1845) es de un terror patente que supera por lejos el efectismo y la rudeza del terror que hoy se ve, por ejemplo, en el cine.

Terror romántico: The Nightmare de Henry Fuseli.
Pero hay más. El romanticismo oscuro se relaciona con otra vertiente que de seguro entusiasmará a más de uno: la novela gótica. Surgida a finales del siglo XVIII y continuada a inicios del XIX, tuvo en los seres tenebrosos y las historias de terror su razón de ser. Allí abundan los vampiros y las criaturas de la noche que habitan en relatos que bien pueden inspirar más de un escalofrío para el lector atento. Frankenstein o el Moderno Prometeo (1818) de Mary Shelley forma parte de este género.

De regreso a Gustavo Adolfo Bécquer, este elegante prosista escribió una serie de 28 relatos que se identificaron como Leyendas (por enlazar tradiciones de una comunidad con elementos fantásticos, místicos o religiosos). Se trata de cuentos en donde lo sobrenatural pervive en escenarios románticos, castillos, soldados, princesas, aldeanos y bellas doncellas; y en donde las descripciones de lo cotidiano poseen una atmósfera de embrujo y encanto.

miércoles, 25 de julio de 2012

Las múltiples realidades de la ciencia-ficción

La ciencia-ficción vincula el futuro con realidades alternas.
La literatura de ciencia-ficción es considerada un género menor dentro de la narrativa literaria. Relacionada en ocasiones con el género fantástico –con el que puede compartir elementos comunes–, es cierto que está lejos de la trascendencia de los clásicos de la gran literatura. Sin embargo, yace en ella el placer de la creatividad tal vez en su forma más simple, pero también más inquietante.


Hay un placer especial en las grandes y pequeñas historias de la ciencia-ficción. Sin embargo, ha sido el cine, casi desde sus inicios, el encargado de convertir en parte de la cultura de masas elementos y paradigmas de la ciencia-ficción que tiene en sagas como Star Trek y Star Wars su más notable popularidad. En realidad, la literatura de ciencia-ficción ha brindado al séptimo arte incontables historias y aun los temas que pueden considerarse más actuales y revolucionarios pueden hallarse en novelas y cuentos del siglo XIX e inicios del XX. Ni siquiera las historias que alimentan al manga y el anime japonés escapan a dicha influencia.

Desde sus inicios, el cine ha tomado elementos de la ciencia-ficción.
El lado más conocido de la ciencia-ficción es aquel vinculado con el futuro, con la visión del hombre en un mundo y un universo siglos adelante. La ciencia-ficción del cine y de la cultura popular sueña con los viajes espaciales y el misterio de otras galaxias y seres. Allí la tecnología y los artificios futuristas son a veces esenciales en la trama, pero en otros casos son solo anexos, al punto de que dichas historias se pueden convertir en relatos literarios convencionales. Esto no desmerece dicha faceta, pero la ciencia-ficción tiene un alcance más vasto, enriquecedor y deslumbrante. Un lado que está contenido en la esencia de su naturaleza: la ciencia-ficción subvierte la realidad, la transforma, la fragmenta, la reta e incluso la niega; pero a la vez sin dejar nunca de confrontarla y tenerla como referencia.

A diferencia de la literatura fantástica que sobrevuela por mundos con sus propias reglas sin necesidad de recurrir al mundo real (aunque lo puede hacer), el mayor efecto de la ciencia-ficción se alcanza cuando lleva al lector a reflexionar sobre lo que acepta como verdadero e inamovible, y de manera sugerente lo invita a atisbar el infinito universo de otras posibilidades. Es entonces cuando el atractivo de la ciencia-ficción alcanza su más noble y bella función: liberar nuestras mentes e invitarlas a romper sus esquemas más profundos.

Ilustración alemana de 1916 que describe las máquinas de batalla del futuro.

martes, 24 de julio de 2012

La feria del libro y el placer de leer

¿Cómo nace el placer de la lectura? ¿Qué nos seduce de tomar un libro y dejarnos llevar por el fantástico embrujo de las palabras? Antes de los símbolos fueron los sonidos; antes que lo escrito fue lo hablado. Cuando el hombre aún no descubría como encadenar sus inquietudes más profundas en la superficie de una corteza, cantó sus grandes epopeyas, narró sus oscuros orígenes, recitó los nombres de los dioses y héroes de quienes descendía. Trasmitió sus conocimientos, sus valores y sus credos con el ejemplo, en actos rituales, en danzas y dramas operísticos. Sus fantasías, sus temores, sus certezas se perennizaron en el tiempo. Cuando leemos somos parte de esa lejana y persistente necesidad de sobrevivencia, pues leemos para formarnos, para instruirnos, para enterarnos; leemos por necesidad, por obligación, por placer.

La lectura es un acto tan práctico e inmediato como profundo y liberalizador. Depende de las circunstancias y del momento; pero también de nosotros mismos regalarnos la más agradable de las facetas de leer: aquella que se remonta a los cantos épicos, a las danzas tribales, a los ritos de iniciación. A los actos liberalizadores en que palpitan nuestras milenarias ansias por ascender, por alcanzar el infinito, por hallar lo más noble que duerme en el ser humano.

De niño leí todo lo que tuve a la mano. Soñé los sueños creados por otros, los mundos vividos por otros; amé el ideal del amor; descubrí el valor y el sacrificio; la traición y la venganza; lloré lo que aún no entendía y me descubrí cabalgando en la felicidad plena de incontables historias maravillosas. Pero también descubrí el encanto de la historia universal, de la estética, de la filosofía y del arte. Aprendí a disfrutar la magia de la lectura en la mirada cautiva de los otros: cuando tomaban un libro y lo contemplaban ensimismados con la promesa de lo que esperaban hallar en su interior. 


Las materias y los intereses pueden variar y ser muy diferentes, pero el placer es el mismo cuando muy lejos de todo y, atrapados por la magia de la palabra escrita, somos por completo libres y felices.

17 Feria del libro de Lima
Parque de los Próceres de Jesús María
De 1:00 p.m. a 9:30 p.m.
Hasta el 1 de agosto.









viernes, 9 de marzo de 2012

Asimov y la arrogancia del creador

Robot, painting a selfportrait de Johan Scherft.
Hace poco tuve una interesante charla. El tema, la tan mentada inteligencia artificial. Si bien se trata de un concepto tecnológico que ya existe y se aplica a diario, buena parte de su fama y atractivo para la mayoría radica en su arista más fantástica y futurista: la capacidad de generar una inteligencia que replique la naturaleza humana en toda su dimensión. Si nos detenemos a pensar en ese gusto por desarrollar máquinas automatizadas cada vez más cercanas a la imagen del ser humano, la pregunta es simple.
¿Es necesario? Porque la esencia de toda inteligencia artificial es cumplir a cabalidad el fin para la que ha sido creada. Y para ello, no es necesario que replique los rasgos humanos (salvo que se desee generar alguna empatía en un caso específico), pues está demostrado que las máquinas más funcionales no son antropomorfas. Tampoco que empiece a tener reflexiones de tipo filosóficas o morales.
Como bien me dijo mi agudo y joven interlocutor durante la conversación: “¿Para qué he de dar a una máquina la posibilidad, y con ella el riesgo, de experimentar los defectos del ser humano? Si algo define a toda máquina es su capacidad de cumplir con su función a cabalidad, justo donde el ser humano puede fallar”.
Un aspecto es perfeccionar una inteligencia artificial capaz de aprender, asimilar información y generar conocimiento para que pueda optar por la decisión más correcta, dentro de la función para la que ha sido construida. Otra, que esta empiece a cuestionar la función para la cual ha sido creada. Peor aun, que empiece a cuestionarse a sí misma, que empiece a buscar su  razón de ser.
¿Por qué? Porque es en los actos que realizamos como los seres humanos nos definimos, es a través de las decisiones que tomamos la manera en que hallamos nuestro centro y lugar en el mundo. Y cuando hacemos eso, podemos decidir bien o mal, podemos acertar o equivocarnos; podemos optar, entonces, por el bien o por el mal. La posibilidad de elegir, no dentro de un marco establecido por algoritmos que nos impidan ir más allá; sino de elegir porque sí. ¿Anhelamos que las máquinas tengan esa capacidad?

The Prodigal Son de Brian Despain.
¿Cuál sería la razón para hacerlo? Mi joven interlocutor, tras reflexionar sobre la naturaleza humana, encontró una respuesta simple y categórica: “Solo para decir que lo podíamos hacer y que lo hicimos”. La arrogancia del creador sin duda. Si nos ponemos místicos, habremos de recordar que alguna vez a alguien no le salió bien la idea y tuvo que desterrar a buena parte de sus, hasta entonces, bellas creaciones. ¿Adónde? Pues a este valle de lágrimas. Hay un bello cuento de Gustavo Adolfo Bécquer llamado La Creación, que resume la idea muy bien.

Mejor es quedarnos con la fantasía de la inteligencia artificial en el ámbito de la ciencia-ficción. Y qué mejor sino hacerlo con la serie de relatos de Yo, Robot (1950) de Isaac Asimov. Una lectura para disfrutar y, si se quiere, para reflexionar sobre el mundo que estamos creando. Por cierto, la película del 2004 dirigida por Alex Proyas y protagonizada por Will Smith tiene poco que ver con el libro.

martes, 7 de febrero de 2012

El cazador de libros y el viejo capitán


Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) es un periodista y escritor español que pertenece a una generación de novelistas que ha hecho de los relatos de aventura, misterio y seudohistóricos una fuente inagotable de entretenimiento. Porque en Perez-Reverte, si algo abunda, es el homenaje a entrañables clásicos como Los Tres Mosqueteros, de Alejandro Dumas, o los héroes y personajes duros y recios que se hallan incluso en las novelas de la literatura negra o de detectives. La razón de mencionarlo es nuestra reciente crítica a The Girl with the Dragon Tattoo y nuestra intención de conocer la obra del sueco Stieg Larsson.

A Perez-Reverte le debemos, junto a otro grupo de escritores, el nuevo influjo en los noventa de este estilo de novelas de aventura y enigmas por descubrir, aunque menos densas y más lúdicas que los clásicos originales. Es claro que está distante de las más juveniles Harry Potter o la saga de Crepúsculo (Twilight); o de lecturas más “serias” y profundas, pero es una sana elección para quien goza del placer de leer y recrearse. Dos recomendaciones, la saga del Capitán Alatriste –que inicia con la novela del mismo nombre y que data de 1996– y el Club Dumas (1993). Es cierto, para los jóvenes envueltos en vampiros y novelas más cercanas a sus inquietudes, es posible que no atraiga de inmediato; pero sí tal vez a los viejos y noveles seguidores de Dumas y compañía, y de la prosa ágil, inteligente y hasta aguda.

Tal vez sea mucho pedir que las nuevas generaciones conozcan a este cazador de libros, ácido y maltrecho, que es Lucas Corso en el Club Dumas, o al incansable y valeroso Capitán Alatriste. Pero si te atreves a acercarte a sus primeros párrafos, hallarás un mundo inagotable de aventuras, misterio, acción y épicas batallas; así como lealtad, traición, amor romántico y del otro, y un aire optimista que hace de la lectura lo que en principio nunca debe dejar de ser: fuente de entretenimiento y de la sublimación imaginativa.


Para los curiosos, hay una versión del Club Dumas dirigida por Romans Polanski, The Ninth Gate (1999), que no logra pasar de ser una opaca película de misterio (y eso que actúa Johnny Depp) y un largometraje Alatriste (2006) que se limita a narrar los hechos de toda la saga sin mayor brío ni emoción (a pesar de tener a Viggo Mortensen, quien calza perfecto como el personaje central). La primera se transmite ocasionalmente en cable (no la recomiendo) y la segunda, salvo me equivoque, nunca llegó a nuestra cartelera (y tampoco vale la pena).

También por estos días se transmite la adaptación televisiva –en formato de telenovela– de su obra La Reina del Sur (2002), aunque hay que advertir que Pérez-Reverte no está nada conforme con la adaptación que han hecho. “Mejor buscar el libro”, nos diría un desconfiado Corso, y le haremos caso, mientras el viejo Capitán nos abre camino entre lances de espadas.