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lunes, 25 de diciembre de 2017

En busca de La Paisana Jacinta

La Paisana Jacinta: En Búsqueda de Wasaberto (2017) de Adolfo Aguilar y guion de Adán Blanco y Sandro Ventura basa su atractivo en un recurso habitual del cine nacional: apelar a un artista o personaje con arraigo popular antes que a una historia eficiente y entretenida. Entre los ejemplos más cercanos se nos vienen a la mente las cintas de Miguel Barraza, Pablo Villanueva (Melcochita), Carlos Vílchez y las protagonizadas en mayor o menor medida por Carlos Alcántara y los ex Pataclaun.

En este caso, Jorge Benavidez (JB) interpreta a su conocido personaje televisivo la Paisana Jacinta. Como en otras cintas, la historia es solo una excusa para dar lugar al repertorio que el público conoce y disfruta de este comediante. El problema surge conforme pasan los primeros minutos: lo que parece al menos una aventura de la Paisana Jacinta con mayor calidad visual y narrativa (musical con paisaje andino incluido) cae en la medianía, los clichés y el simplismo habitual de los programas cómicos de la televisión nacional.

La expectativa de una historia algo más compleja, mejores actuaciones y un personaje central divertido se diluye en un relato que pierde interés, se aletarga y se resuelve de forma intrascendente. En el mejor de los casos estamos frente a un capítulo televisivo alargado a la fuerza y visto en pantalla grande.

Solo por contraste, la sierra peruana, con su colorido y encanto rústico, aporta novedad a lo que luego son los típicos escenarios y recursos del formato televisivo. Hay que reconocer que Jorge Benavides da a su personaje cierta emotividad (y habrá quienes incluso digan ternura) en un par de secuencias, lo que genera empatía, pero eso es todo.

Las limitaciones surgen de un lado por la misma Paisana Jacinta, a la que cuesta habituarse en los primeros minutos (para quienes no hemos sido aficionados a esta) por lo obvio de la prótesis y el disfraz, un detalle que contrasta aún más en el musical de apertura. Y es que a nuestro parecer, el personaje no es simpático ni gracioso en lo visual. Es a lo largo de las diferentes secuencias cómicas que este empieza a tomar forma como protagonista.
La cinta replica los recursos y limitaciones de la comedia televisiva.
El humor de gestos exagerados, el físico y de golpes, el pícaro y de doble sentido o de la humorada con frases groseras han sido parte de las caracterizaciones de Jorge Benavides, surgidas para un público más bien adulto. Sin embargo, la Paisana Jacinta, grotesca y caricaturesca al extremo, saltó incluso a un público infantil encantado por sus muecas y correrías que pasaban por el gag y el porrazo. Pero eso no basta cuando se trata de convertir una anécdota de quince o veinte minutos en una historia de hora y media de duración.

La cinta reúne algunos momentos simpáticos, como la secuencia del avión o la del retrato hablado de Wasaberto, y guiños al espectador con la aparición de personalidades, entre ellas la del propio JB o el director, que aportan alguna cuota de gracia según sus propias ilimitaciones. Lo paradójico es que Adolfo Aguilar tenía entre su reparto a cómicos versátiles como Alfredo Benavides, Carlos Vílchez y Job Mansilla que hubiesen podido ser mejor aprovechados. Pero el guion, en su afán de adecuar a la Paisana Jacinta a un público familiar, termina por ser prácticamente de un nivel interpretativo y narrativo infantil.

¿Le pedimos mucho a la Paisana Jacinta? Tal vez, pero los miles de espectadores que fueron al cine en busca del humor, la irreverencia o la simpatía del personaje de JB quizás se merecían algo mejor que esta medianía reiterada de nuestro cine nacional.

domingo, 19 de febrero de 2017

Dr. Strange o la clave del conjuro perfecto

 
Es cierto que una crítica de Dr. Strange a estas alturas podría considerarse algo desfasada. Pero es una buena excusa para analizar un formato que le ha traído éxitos a la dupla Disney-Marvel. La película de Dr. Strange está construida sobre una serie de clichés del género de superhéroes, pero es lo suficientemente ágil para entretener al espectador.  

El viaje astral del Dr. Strange recuerda el estilo visual del cómic.

Si nos centramos en las recientes películas que sirvieron como presentación  de un personaje de Marvel, Dr. Strange se ubica por debajo de Iroman (2008) y Capitán América (2011), se equipara a lo visto en Thor (2011) y está por encima de Ant-Man (2015). Y decimos que está por encima de Ant-Man solo por lucir más recursos de producción y una historia ligeramente más ambiciosa.
 
La película protagonizada por Benedict Cumberbatch (Dr. Strange) combina dosis de humor y acción con un conjunto de efectos especiales cuyo mayor atractivo es el viaje astral de Dr. Strange (un homenaje al estilo gráfico del cómic) durante su primer encuentro con El Anciano (Tilda Swinton).

viernes, 17 de febrero de 2017

La la Land: La nostalgia del musical


La La Land es una historia menor, una historia conocida, pero decorada con una estilizada coreografía que apela al musical, al glamour y a los recursos de un cine de antaño.
 
Ese es su mayor mérito.
 
Su escena inicial (con la canción y el baile en mitad de un atolladero de autos) es tal vez la más floja y la premisa de los dos jóvenes artistas que buscan alcanzar sus sueños es solo un detalle anexo que se sostiene por el carisma de los dos protagonistas centrales. 
 
Hay una serie de recursos narrativos y visuales que son gratos porque son efectivos, al punto de que llegan a emocionar.
 
Es un ejercicio fílmico correcto que funciona en lo visual pero que no alcanza una connotación mayor porque la historia no se arriesga a profundizar en los personajes ni nos muestra ese mundo maravilloso que solo se vislumbra en las escenas coreografiadas.
 
Es seguro que un cinéfilo con un vasto conocimiento disfrutará de todas las referencias fílmicas y guiños que ofrece esta cinta.
 
En la cinta, Ryan Gosling y Emma Stone tienen carisma y frescura.
Y es seguro que la Academia celebrará este homenaje al cine glamoroso del Hollywood de los cincuenta con varios premios (aunque  la cinta también tome inspiración  en el cine europeo).

Por eso La La Land funciona muy bien cuando se disfraza de aquella época y se aleja del entorno cotidiano. Por eso hay algo de artificial en la mayor parte de la puesta de escena (la cinta en sí misma en una metáfora). Y por eso es siempre algo cotidiano (como el sonido de un celular) lo que quiebra los momentos de fantasía.
 
Es una cinta "simpática" con algunas escenas para el recuerdo y que le dejan a uno las ganas de volver a ver los clásicos musicales de un Hollywood que tenía antes más candor.

 
 

miércoles, 11 de mayo de 2016

Capitán América Civil War: no es tan fabulosa


Capitán América: Civil War (2016) está muy lejos de ser esa gran cinta que la mayoría proclama y celebra. Está por debajo de The Avengers (2012), Captain America: The Winter Soldier (2014) e incluso Iron Man (2008).

Quienes la critican negativamente señalan que desaprovecha el material del cómic de Mark Millar, otros le exigen un tratamiento más maduro y hay quienes le reclaman un mensaje más elaborado. En realidad, ninguno de estos aspectos por sí mismos determinan que Civil War sea una cinta regular. Una película con mucho artificio, pirotecnia y recursos efectistas, pero regular al fin y al cabo.

El problema es que carece de una motivación o eje central. No hay una gran historia detrás de toda la parafernalia y el desfile de personajes. Solo una serie de eventos que tienen como mayor logro la ansiada lucha en el aeropuerto. Si alguien cree que el verdadero sentido de la cinta es el conflicto final entre el Capitán América y Iron Man, podemos asegurar que hay más dramatismo en el tráiler que en la secuencia misma de la película. Con todo lo densa y enrevesada que fue, Avengers: Age of Ultron (2015) plasmó mejor la rivalidad y el dilema moral entre el Capitán América y Iron Man. 

Civil War es una película que se deja ver y que tiene una escena para el recuerdo (la del aeropuerto), pero eso es todo. Es seguro que los fans estarán en total desacuerdo con estos comentarios. Sin embargo, en gustos y colores...

Lo bueno
El enfrentamiento en el aeropuerto es una de las mejores secuencias de acción en una cinta de superhéroes. Bryan Singer debe andar asustado: si no muestra algo similar en su nueva versión de “The Hunger Games”, perdón “X-Men: Apocalipsis”, estará frito. 

Más que el Iron Man de Robert Downey Jr., es el Capitán América de Chris Evans el mejor personaje. Estamos en el inicio de la Fase 3 de Marvel y es el más sólido de toda su saga cinematográfica. Es un personaje que bien podría cerrar un ciclo de manera épica con su muerte. ¿Se atreverá Disney a hacerlo?

Spider Man es divertido. Ant Man justifica su presencia en la lucha en el aeropuerto. Black Panther es una buena caracterización. 

Lo malo
Civil War no es Civil War. No comparemos la cinta con el cómic. Simplemente la premisa que nos vendieron antes del estreno de la película no se cumple. Lo que nos insinúa el tráiler jamás sucede. El enfrentamiento entre el Capitán América y Iron Man no gira en torno a algún dilema moral ni trata sobre el futuro de los Avengers. Es un hecho fortuito sin real dramatismo y que se resuelve en los minutos finales sin riesgo alguno.

El manejo publicitario de este tipo de blockbusters los está destruyendo por adelantado. La ansiedad de los fans por ver la cinta y el afán de los estudios por asegurarse hasta el último centavo, hacen que sus varios trailers y adelantos desbaraten cualquier posibilidad de sorpresa. Las mejores escenas de Civil War (salvo la intervención de Spider Man y la escena de Ant Man) fueron mostradas antes del estreno. 

El tono ligero de la cinta le resta cualquier pico dramático. Con todo lo desastrosa que fue Batman v Superman, sus secuencias de acción tienen mayor intensidad y emoción. 

Lo feo
A Marvel-Disney les cuesta hallar verdaderos malvados en sus cintas. Salvo Loki (Tom Hiddleston), que es megalomanía antes que acción, no ha habido verdaderos villanos en la saga fílmica de Marvel. En Civil War no existe un real antagonista. Si no apuestan por algo nuevo y arriesgado, ni siquiera Thanos hará la diferencia.

Hay un entusiasmo excesivo con respecto a los personajes secundarios. Al igual que Ant Man e incluso Hulk (el cinematográfico, no el del cómic), Black Panther funciona en breves apariciones. ¿Pero en una cinta en solitario? Parece que la maquinaria publicitaria ya empezó a querer manipularnos una vez más.

El desgaste del género es palpable. No solo porque se limita a repetir una fórmula, sino porque cada vez se hace peor y de forma más simplificada. Ya no tenemos películas que nos cuenten algo, sino solo largometrajes que van directo a nuestros sentidos. El problema es que ya hemos visto todo lo que el CGI puede hacer. Y una batalla coreografiada como la del aeropuerto funciona una sola vez. Nada es más contundente que una buena historia y Civil War es una historia pequeñita e irregular con algunas escenas dignas de una trama más significativa.

martes, 5 de mayo de 2015

Avengers Age of Ultron: ¿La fórmula se agota?

¿Se agota la fórmula o la paciencia del cinéfilo atento?
Es cierto, Avengers: Age of Ultron (2015) no tiene ese pico emotivo que The Avengers (2012) alcanzó por momentos. Y a pesar de ser unos minutos más corta, parece más densa y larga que la primera entrega. A Joss Whedon le faltó esa escena que deja sin aliento al espectador, que lo llena de júbilo casi infantil al ver a sus héroes reunidos (o en todo caso, la coloca al final, luego de haber agotado toda la historia). Le faltó más de una pausa entre tantas escenas de acción vertiginosa. Y cuando la tuvo, la usó en los personajes equivocados. A cambio, su cinta está llena de acrobacias pirotécnicas y escenas de acción ralentizadas para felicidad de los fans, y de un claro oficio para sostener a tantos personajes y tantos elementos dentro de una historia coherente.

A pesar de todo ello, del dilema lineal de las cintas de superhéroes, del corsé obligado de la historia repetida, del arquetipo del antagonista megalómano e histriónico, Whedon se despide con una cinta mejor a los desastres de Thor: The Dark World (2013) y Iron Man 3 (2013).

Avengers: Age of Ultron es casi un modelo para armar, la guía de cómo dirigir una superproducción ultra-archi-comercial sin apartarse de los cánones exigidos por la dupla Marvel-Disney. Sin ser extraordinaria, la película entretiene; y muestra tantos personajes conocidos de las cintas previas del mundo Marvel que es imposible no celebrarla; pero al igual que el personaje de Ultron, no puede desligarse de su lado artificial ni de sus elementos de gratuitos clichés y obligadas cuotas de humor.

No creo que sea una cinta tan mala como señalan algunos críticos. Pocos se detienen a valorar con justicia la laboriosa dirección para encadenar cada escena de acción y la abundancia de efectos especiales llevadas a niveles cada vez más colosales. O el esfuerzo del director por mantener el carisma y la conexión de los personajes con el espectador. Por dotarlos de un par de frases que pretenden darles una complejidad que les es negada por la misma naturaleza de la cinta. 

Whedon puede dejar tranquilo la posta a los hermanos Russo; aunque la pregunta es si la fórmula ya no se está desgastando. O tal vez sea este humilde espectador el que simplemente se cansó de la misma. Tal vez lo mejor es ir y verla sin ninguna expectativa y, si es posible, con ojos de niño, o de adolescente atosigado de palomitas.

Bonus track: Lo que sigue son comentarios con puros spoilers.

Vision: la crítica lo celebra como el personaje más interesante. En realidad lo es por los diálogos que tiene sobre todo al final con Ultron y los poderes que muestra. Pero su “nacimiento” ni es extraordinario ni impacta, además de que es imposible no ver en los primeros planos, a pesar de todo el maquillaje, a Paul Bettany, el actor que lo interpreta (un rostro menos conocido hubiese funcionado mejor).

Quicksilver es el personaje más flojo de todos. Aaron Taylor-Johnson carece de carisma y es un cúmulo de clichés, incluso su muerte. En este tipo de cintas mucho es el carisma natural del actor o la caracterización del personaje, pues no hay espacio para más.

La mejor batalla: no es, aunque todos lo digan, el enfrentamiento entre Hulk y Hulkbuster. Sino la del Capitán América contra Iron Man, en la que también participan los personajes de Bruce Banner (Mark Ruffalo), Quicksilver, Scarlet Witch (Elizabeth Olsen) y Hawkeye (Jeremy Renner). Para este humilde espectador, es breve pero intensa y mucho más interesante que el resto de enfrentamientos. Además, el buen Banner se muestra furioso y capaz de entrarle a la acción sin necesidad de convertirse en Hulk, y eso fue una grata novedad.

El error de Whedon: si la intención del director fue darles mayor profundidad a los personajes del Capitán América, Thor y una historia detrás en el caso de Black Widow (Scarlett Johansson) al mostrar los sueños a los que son inducidos por Scarlet Witch, el resultado fue contrario. Lo mismo pudo dar a entender reduciendo el tiempo de esas imágenes y usando todos esos minutos en algo más interesante.  

El supervillano. Ultron es otra guía o modelo para armar. Tiene todo lo que exige Marvel a un villano en sus cintas: histrionismo, frases hechas y ominosas, extravagancia, efectismo y más de un disfuerzo (un mérito es que Ultron es generado por CGI). Pero es tan rápido su surgimiento como sus malvadas motivaciones, su momentánea unión con Scarlet Witch y Quicksilver o la aparición de su superejército. Ultron es solo una excusa para las escenas de acción y el lucimiento de los superhéroes en la batalla final, y los encuentros a la mitad, y antes de la mitad, y así. 

Las superbatallas. Ver a los superhéroes luchar contra cientos de enemigos anónimos, por más espectacular que sean los efectos especiales, tiene un nombre: repetitivo. No te vas a aburrir, pues Whedon felizmente no es ese desastre llamado Michael Bay. Pero es el mejor ejemplo de que la fórmula se acaba.

La preeminencia de la flecha. Todos celebran también el mayor protagonismo de Hawkeye. Pero se siente algo forzado el verlo como el eslabón que une a todo el grupo, cuando nunca tuvo esa preeminencia.

El paso del tiempo. Ultron se merecía la pausa necesaria para convertirse en el verdadero antagonista que se anunciaba; además de que solo la magia del cine (y el hecho de que Whedon logra atontarnos con tantas escenas de acción) puede explicar que tengamos que asumir que existen de la nada y de improviso cientos de cientos de réplicas de Ultron, y una superplataforma volante construida debajo de una ciudad para destruir el mundo.

El lujo de tener buenos actores. Es imposible negar el acierto de Marvel para elegir a sus actores. En casi todos los casos, tienen el carisma suficiente para hacer creíbles a sus personajes solo con un par de frases y un par de bromas bobas (aunque hasta ahora Scarlett Johansson no me llega a convencer). Los mejores son Iron Man (Robert Downey Jr. se interpreta de memoria a Tony Stark) y el Capitán América (Chris Evans) que a pesar de toda su rigidez representa al típico superhéroe clásico. El peor es Thor (Chris Hemsworth) que parece cada vez más una parodia de sí mismo. Lo que nos permite imaginar cuál personaje tiene el mejor futuro en sus siguientes cintas: el Capitán América. Ahora, que Marvel-Disney lo vuelva a echar todo a perder con un guion ridículo como Thor: The Dark World y Iron Man 3, ya es otro tema.

Todos es ninguno. La razón por la que nos quedamos con la batalla entre el Capitán América y Iron Man, es la misma por la que nos gustan los duelos de espadas, uno contra uno, o el clásico duelo del lejano Oeste. La contraposición de los dos rivales eternos, de los dos protagonistas principales. Y porque la lucha entre o contra ejércitos ya cansa desde que la saga de El señor de los anillos revivió aquella veta para Hollywood.

El guante. Saben a cual me refiero y esa es la escena poscréditos. Pero aunque la imagen de Thanos sea la promesa de una gran cinta, hasta aquí llego y al menos en cuanto a cintas de superhéroes (salvo tal vez la siguiente de Batman v Superman: Dawn of Justice), les dejo la posta a Blue Citizendr. robert. Para mí, ha sido suficiente de cintas de superhéroes. Ya no puedo verlas con los ojos del niño de once años que alguna vez fui. 


lunes, 27 de abril de 2015

Una película con corazón. Algunos apuntes sobre el guion de ¡Asu Mare! 2.

¿Qué no se ha dicho ya de ¡Asu Mare! 2? En realidad, creo que varias cosas faltan por decirse. Para empezar, su singularidad: se trata de una película autobiográfica en tono de comedia con pretensiones comerciales, dirigida a un mercado que le suele dar la espalda a su propio cine y basada en la popularidad de un personaje que dejó la televisión (el medio por excelencia para ser famoso en este país) hace varios años.


Un gran reto que, conocidos los números de la taquilla, se ha superado muy por encima de todas las expectativas. Es en este momento en que saltan las alarmas de los críticos y “críticos” de cine, y todos empezamos a opinar con buena o mala leche, hay de todo.


Se pueden resumir todas estas críticas más o menos así: que la realización cinematográfica está impecable, pero el lenguaje cinematográfico deja mucho que desear; que la dirección de arte es perfecta, pero la puesta en escena resulta inexpresiva; que el casting está de lujo, pero las actuaciones resultan muy poco creíbles. ¿Qué ha pasado entonces para que tanto talento y muchos recursos acaben consiguiendo una película a la que podríamos definir como “incompleta”? Si hasta los más fanáticos de Cachín terminan diciendo que se rieron mucho pero que la historia es un poco simple. Yo creo que esto último es lo que nos da la pista: lo que no ha permitido que la película sea todo lo que pudo haber sido es el guion.


Hacer un guion no se trata solamente de escribir los diálogos e indicar en dónde ocurre cada escena. En el guion se establecen las intenciones de los personajes, las que se pueden decir y las que deben callar, se describen palabras, silencios y miradas. En un guion se cuenta la transformación del protagonista, a lo largo de la película, pero también a lo largo de cada escena. Se busca qué texto (lo que se ve) va a cubrir el subtexto (lo que no se ve).


El guion clásico. La película sigue la estructura clásica de guion, de libro, con los puntos de giro en los lugares que corresponden. No estoy de acuerdo cuando se dice que la película es una serie de sketches y gags uno tras otro y sin una historia que contar. Claro que hay una historia, el problema es su predictibilidad, es tan fácil adivinar lo que sigue en la historia que el público no le toma interés y se olvida de ella, y solo se queda con una serie de episodios graciosos que efectivamente pareciera que vienen uno tras otro en una línea recta. Esto es más grave cuando lo que se quiere contar es una comedia de confusiones, donde lo inesperado y la articulación compleja de es lo más valioso.


El protagonista. Otro concepto básico del guion es la construcción de personajes arquetípicos en contraposición de los estereotipos, los primeros son definiciones abstractas del rol del personaje en la historia, los otros son una serie de características concretas y visibles de los personajes en determinado rol. Los arquetipos nos dan una infinidad de posibilidades para construir un personaje, los estereotipos limitan a los personajes y anulan su desarrollo. En esta película, el protagonista no es solamente un estereotipo, es un personaje más concreto aún, es Carlos Alcántara, y la empatía con el personaje que representa en la película depende únicamente de la empatía que el espectador tenga con él. En este sentido el personaje estuvo mucho mejor desarrollado en la película anterior, perdiendo en esta segunda parte la posibilidad de enriquecerlo.


El antagonista. No consigo entender a este personaje, a veces es un antagonista tonto y otras veces es un antagonista hábil. Al parecer lo vuelven tonto para poder hacer los chistes y lo vuelven hábil para que la historia avance, quitándole credibilidad al personaje. Una tarea particularmente difícil considerando que al mismo tiempo se jugaba con elementos del actor en la vida real.


Es una película localista. He leído que algunos dicen que unos de los grandes problemas de esta película es lo localista de su tema. Lo peruana que puede ser esta película es una falsa desventaja, pues mientras más localista es una película más universal se vuelve. Lo local de una película nunca es un problema, y esto se puede ver desde en el cine más independiente y de autor hasta en el cine más comercial. Claudia Llosa supo en sus dos primeras películas crear historias que solo podían ocurrir en el Perú y ambas lograron trascender internacionalmente. Películas buenísimas como “Monsoon Wedding” (India) o “Nadie sabe de gatos persa” (Irán) son extremadamente localistas, y han circulado por el mundo entero. En Estados Unidos las ciudades dan incentivos para que sus calles y lugares sean utilizados en las películas, porque saben que a través de ellas darán a conocer su ciudad al mundo, con todos los beneficios que eso trae, creando un círculo virtuoso en donde el cine (entre otras formas de expresión) alimenta la imagen de una ciudad de la que luego el mismo cine puede tomar como marco. El problema en “¡Asu mare!”, más evidente en “¡Asu mare! 2”, es que todo el peso de la película se pone en esas referencias localistas, sólo sirven para reírse de ellas, no se utilizan para conocer a los personajes ni para mover la historia.


Los conflictos y el subtexto. Hay varias escenas en las que las intenciones de los personajes son obvias (haciendo que la secuencia sea poco interesante), hay otras en donde los personajes no tienen intenciones que estén relacionadas con la historia (haciendo que la secuencia sea irrelevante), éstas últimas ocurren en varias escenas que lo que buscan es ser graciosas, está claro, pero se debió buscar la manera de mantener el chiste y avanzar con la historia al mismo tiempo (en algunas secuencias si consiguen esto). Y también hay escenas en donde las intenciones de los personajes son poco claras, y en cuanto a esto último me llamó la atención la escena en la comisaría. La escalada de sucesos llega a un clímax en el momento en que Cachín dice en la comisaría que se quedará con su amigo porque la familia y los amigos son más importantes que tu enamorada, pero este momento tan importante en la historia se debilita por dos razones: 1) es algo que ya lo dice en la escena anterior en casa de Emilia (en un corte a la celda, que por cierto funciona muy bien). 2) el personaje de Emilia no establece una posición firme contra la que Cachin reaccione y así cobre importancia su decisión de quedarse con su amigo, sólo le sugiere que deje al amigo, no lo obliga.


Los coros. Tal vez lo mejor logrado en la película sean los coros: los amigos que acompañan al protagonista y el compañero del antagonista. Algunos mejor desarrollado que otros, son personajes que podrían haber sido una serie de clichés que felizmente han podido evitar con mucha originalidad.


Una película con corazón. Luego de todo lo dicho, algo que no se puede negar en esta película, y en su predecesora, es que tienen corazón. Yo lo noto en lo detallista que puede llegar a ser la película en muchas secuencias, lo veo en las partes mejor logradas de la película, pero donde más lo aprecio es en las fallas, en las imperfecciones que te hacen ver que algo está vivo. Creo que como público, debemos aprovechar que nuestro cine más comercial está en esta etapa en donde todavía se le puede ver el corazón, antes que se convierta en una industria desalmada que nos vende historias perfectas.


viernes, 17 de abril de 2015

¡Asu Mare! 2: Sin sorpresas ni riesgos

El éxito de ¡Asu Mare! 2 debe mucho a la primera entrega.
Si bien en ¡Asu Mare! (2013) de Ricardo Maldonado valoramos una propuesta cómica que se distanciaba de la habitual producción nacional, esta segunda parte está muy lejos de las virtudes de la primera. ¡Asu Mare! se sostenía sobre la base del unipersonal de Carlos Alcántara y esa era su principal fortaleza. El ingenio, la jocosidad y el histrionismo de Alcántara para recrear sus recuerdos de niñez y juventud permitieron dar vida a una historia que mantenía un humor cómplice y efectivo con el espectador. Las ocurrencias y anécdotas que se iban sucediendo tenían en los extractos del unipersonal un hilo conductor que, aunque a veces excesivo, daba coherencia a la cinta. A ello se le sumaba un nivel de producción inusual para el medio local y una propuesta visual con cierto gusto estético.

Eso le bastó a ¡Asu Mare! para que la disfrutáramos (sobre todo quienes no habíamos visto el unipersonal) y le disculpáramos algunas escenas flojas y cierto facilismo para resolver el tercio final de la cinta. ¡Asu Mare! lograba ser emotiva gracias a la voz en off de Alcántara y las tribulaciones de su personaje, e incluso las referencias y elementos de los ochenta estaban en función del relato.


El guion no aporta matices a los personajes ni a la historia.
En ¡Asu Mare! 2 (2015) no hallamos nada de lo anterior. Ya no están las escenas que generaban la risa inmediata por la performance de Alcántara sobre el escenario. Sin embargo, lo que podía ser una propuesta cómica a partir del relato y los personajes, se desperdicia porque estamos ante un guion bastante flojo.
Son las ocurrencias de los amigos de Cachín tal vez lo más efectivo en toda la cinta, un recurso que en ¡Asu Mare! era solo una parte más de una serie de elementos: las referencias del barrio, los protagonistas secundarios como parte de las vivencias de Cachín, la interpretación de otros personajes por parte de Alcántara, etc.

Los protagonistas son unidimensionales e incluso la tan celebrada caracterización de Ricky (Christian Meier) es una parodia tan plana que solo funciona porque la cinta es más plana aún. Emilia Drago está en un registro complaciente que raya con lo tonto; y la contraposición de las diferencias sociales se convierten en un cúmulo de clichés de las series televisivas.

Las escenas se suceden sin mayor hilaridad ni sorpresa.
La aparición de personajes extravagantes (como en ¡Asu Mare!) a cargo de ex integrantes de Pataclaun desentona esta vez porque la cinta es muy convencional en su narrativa. No se arriesga tampoco con el mundo lúdico de la televisión que se supone es ahora parte de la vida de Cachín y que hubiese permitido añadir matices y diversidad al relato. Todo se centra en el amor de Cachín y Emilia enfrentado al antagonismo caricaturesco de Ricky. Que la aparición de personajes como Queca y Tony funcionen mejor que otras escenas, aun cuando a la vez se sientan fuera de la cinta, habla de diferentes niveles, recursos cómicos y narrativos que no logran amalgamarse.

¡Asu Mare! 2 seguramente será un éxito de taquilla, pero sobre todo por los méritos y el grato recuerdo que dejó la primera entrega. Está muy lejos de ser una propuesta lograda y más cerca a la tradicional medianía de nuestra producción local. 


miércoles, 15 de abril de 2015

¿Quieres conocer Petrópolis?

En enero del 2014 Neil Young terminaba en Calgary una serie de conciertos que lo había llevado por algunas de las ciudades más importantes de Canadá. Esta gira con aforo completo en todas las fechas iniciaba cada presentación con una proyección de 15 minutos de duración de un vuelo sobre el área devastada por la extracción de petróleo de las arenas de alquitrán en medio de los extensos bosques boreales canadienses. Se trataba de una versión resumida del trabajo de Peter Mettler llamado “Petrópolis ­ Perspectivas aéreas de las arenas de alquitrán de Alberta” (Petropolis ­ Aerial Perspectives on the Alberta Tar Sands).
La gira “Honour the Treaties Tour” tenía como objetivo levantar fondos y llamar la atención para la lucha de las poblaciones originarias de Canadá contra los trabajos de extracción que afectan a sus comunidades y violan tratados que firmaron con el gobierno. Calgary es la ciudad más grande de la provincia de Alberta, donde se encuentra el depósito de arenas de alquitrán más extenso del planeta, que al mismo tiempo es la segunda reserva de petróleo más grande del mundo. Esa noche de enero los asistentes al concierto estaban viendo en la pantalla algo que ocurría a pocos kilómetros de su ciudad.
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El problema de la extracción en las arenas de alquitrán del norte de Alberta.
Las arenas de alquitrán son una fuente de petróleo que, a diferencia de la extracción convencional, se realiza en la superficie, haciendo necesaria la completa eliminación de todo aquello que cubra el área de producción, aumentando su impacto ambiental en comparación con la extracción mediante perforación. El problema se agudiza cuando lo que se encuentra sobre las arenas de alquitrán es una extensa área de vegetación virgen con la que por miles de años han convivido poblaciones locales.
Es en los últimos años que esta fuente de crudo se ha vuelto rentable, a medida que el precio del barril de petróleo aumenta, y conforme el avance de la tecnología lo permite. Con reservas comprobadas en Canadá, Rusia y Kazajistán, el 70% de ellas se encuentra en la provincia canadiense de Alberta, más precisamente en el norte, donde habitan dos importantes poblaciones indígenas que se verían afectadas seriamente por la inminente expansión del área de explotación, que además va en contra de tratados firmados con estas naciones originarias del norte de América.
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Un paisaje que no puede ser entendido desde la superficie.
En el documental, de 43 minutos de duración, Mettler simplemente nos muestra el área de extracción y sus alrededores, la aridez y el verdor, las grandes máquinas y los pequeños hombres que habitan esta desoladora coreografía. El autor no tiene un discurso confrontacional y se limita a dar sólo algunos datos objetivos sobre lo que estamos viendo. Tal vez no son los suficientes como para formarse una opinión personal al respecto, pero sí para interesarse en el tema y empezar a averiguar por uno mismo qué es lo que está sucediendo en estas tierras.
El autor logra su objetivo. Luego de ver la película he ido a buscar en Internet cómo es la situación en este momento de lo que él describió hace seis años en este documental del año 2009. Lo que se muestra es una realidad no sólamente vigente hasta hoy, la extracción continúa, la producción ha aumentado, el área de explotación se ha expandido y se prevé que para el año 2020 la contaminación en la provincia de Alberta sea igual al conjunto del resto de provincias del país.
¿Quieres saber cómo se ven hoy las arenas de alquitrán de Alberta? Es posible observar claramente la zona de extracción en la vista por satélite de Google Maps:
La versión de 15 minutos la puedes ver aquí: https://vimeo.com/84170239.
Este texto apareció también en la Revista Digital de Cine Sala1 (revistasala1.com).

miércoles, 1 de abril de 2015

Profundo Carmesí de Arturo Ripstein


foto portadaSiempre se puede caer más bajo, siempre puedes hundirte más en el fondo. Profundo carmesí es la historia de dos vidas que no hacen más que resquebrajarse, tal como el espejo en el que se refleja la protagonista al inicio de la película, y cuanto más cerca de la felicidad creen estar, más cerca de desmoronarse están. Coral, madre soltera de dos pequeños hijos, es una mujer insegura y necesitada de cariño, y conoce a Nicolás a través de un anuncio que encuentra en una revista.
Nicolás es un tipo que se gana la vida conquistando mujeres y sacando el mayor provecho monetario de aquello, le ayuda su inventado acento español, la frustración diaria de sus víctimas y una peluca que cuida como a una piedra preciosa.
Coral se obsesiona con Nicolás y su silueta de actor de cine, y deja todo para proponerle vivir juntos y colaborar en su empresa de galán de señoras adineradas y distraídas. Nicolás termina aceptándola, enamorándose de ella y de su obsesión por él.

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Así, esta pareja se embarca en una serie de encuentros con mujeres de toda clase en busca de encuentros de todo tipo, pero las inseguridades de Nicolás y Coral hacen que ambos vayan perdiendo el control de la situación, de modo que cada encuentro termina significando la muerte de la ocasional cita, situación que no puede terminar de una buena manera.
Tanto Coral como Nicolás son personajes de moral trastocada, inseguros e incompletos, que a la mitad de sus vidas se encuentran para necesitarse y sentirse necesitados, y quienes los rodean son sólo instrumentos para obtener un beneficio o estorbos para sus objetivos. Atención a la música de la película, que nos describe la relación de la pareja hasta su mismísimo final.
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Este texto apareció también en la Revista Digital de Cine Sala1 (revistasala1.com).

domingo, 22 de marzo de 2015

Cuando Iggy Pop y Akira Kurosawa estuvieron de acuerdo en algo

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¿Qué tienen en común el músico estadounidense Iggy Pop y el director de cine japonés Akira Kurosawa? Pues sucede que ambos tienen una manera de hablarnos de la pasión por la vida. Hasta podría asegurar que hay más vitalidad en el pausado andar del moribundo protagonista de “Vivir” (1952) que en los 200 pulsos por minuto de “Lust for life” (1977), una de las canciones más conocidas de Iggy Pop y parte de la perfecta banda sonora de “Trainspotting”.
Kanji Watanabe, el protagonista de la película de Kurosawa, no corre por las calles de Edimburgo, pero si lo hace a través de la burocracia del Japón de la posguerra. ¿Y qué lo que le hace correr, enfrentarse y triunfar ante la dejadez que encuentra a los primeros minutos, la vida (y próxima muerte) del protagonista, poniéndonos como expectadores en una situación privilegiada que nos hace empatizar con él de inmediato.
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Es luego de un breve paso por la vida nocturna de Tokio y de una revelación a través de una jovencita (por la que el protagonista se siente atraído) cuando el Sr. Watanabe pasa de ser un típico burócrata de la administración pública, cuyo trabajo consiste en calentar un asiento, a darle sentido a sus últimos meses de vida enfrentándose a la inercia de tantos años.
“Vivir” es una denuncia contra las instituciones del Japón de la posguerra, pero al mismo tiempo es una historia atemporal, que te puede sacar de tu cómodo sit aunque pienses que ya lo estás dando todo, nuestro personaje efectivamente muere, su pero es en ese momento en el que otra película empieza y la aparente tragedia de muerte da paso a una serie de revelaciones sobre su vida, esa que vivió luego de enterarse de su inminente muerte, es decir, la que valió la pena vivir.
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Este texto apareció también en la Revista Digital de Cine Sala1 (revistasala1.com).

lunes, 9 de marzo de 2015

Si escuchas atentamente... una joya poco conocida de los estudios Ghibli

"Susurros del corazón" es una película de 1995 dirigida por el ya fallecido Yoshifumi Kondo sobre un guion adaptado por Hayao Miyazaki, a partir de la historieta de Hiiragi Aoi. El título original de la película se puede traducir literalmente como “Si escuchas atentamente” o “Si escuchas de cerca”, una frase mucho más precisa para enmarcar esta bella historia de madurez, llena de detalles y sutilezas a las que hay que, efectivamente, prestar atención.
Ubicados en una fidelísima reproducción de un barrio de la periferia de Tokio, el misterio que impulsa la primera parte de la película es presentado de inmediato, no hay tiempo que perder para este viaje de casi dos horas; Shizuku, la protagonista, se da cuenta que en las fichas de préstamo de todos los libros que ha sacado de la biblioteca se repite el mismo nombre: Seiji Amasawa. Pero este misterio es tan solo un pretexto para que nuestros protagonistas se conozcan, es lo que Hitchcock llama un “Macguffin”, es decir un elemento narrativo que sirve para que los personajes avancen en la historia pero que finalmente no tiene relevancia argumental. En este caso este pretexto está tan bien desarrollado que suele figurar como sinopsis de la película, provocando el interés del el espectador pero confundiéndolo sobre el verdadero argumento y sentido de la película.
El título “Susurros del corazón”, utilizado oficialmente en español – basado en el título en inglés “Whisper of the heart” – , hace muy poco en favor de dar una pista al espectador sobre lo que va a ver. Esto me permite confesar que cuando entré a ver la película en el cine lo hice con muy pocas expectativas, puesto que al ser – lamentablemente – una de las menos conocidas del Estudio Ghibli, no era de las más promocionadas de entre todas las películas que incluía la muestra especial sobre el estudio japonés que se realizaba en el Bell Lightbox (un lugar de ensueño para cualquier cinéfilo) en pleno centro de Toronto. Pero mi sobrina y yo habíamos llegado algo tarde al lugar y era la única película que podíamos ver aquella noche sin el riesgo de perder el último bus para volver a casa.
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“Susurros del corazón” no es una historia de adolescentes enamorados. Los protagonistas están enamorados, es verdad, pero lo que se trabaja en la historia es el arquetipo del adolescente necesitado de orientación y afecto, que por supuesto también se enamora, y con el que nos podemos identificar de inmediato gracias a que se consigue construir un personaje libre de estereotipos. De esta manera los protagonistas logran ser seres únicos, tal como cada uno de nosotros nos hemos sentido – para bien y para mal – en algún momento de nuestra adolescencia. Siguiendo la estructura clásica de guión, el primer punto de giro lo encontramos en el minuto veinte, cuando Shizuku persigue a un gato aparentemente callejero que ha encontrado en el metro, y cual Alicia de Lewis Carroll, persigue hasta una tienda de antigüedades, y es aquí donde se encierra la fantasía. Por más realista que sea la historia, no podía faltar el elemento fantástico en una película del Estudio Ghibli, aunque aquí se hable más de cómo crear la fantasía. Es en la tienda de antigüedades en donde Shizuku conoce a Barón, el personaje-gato protagonista de la historia que ella escribe y con el que pocos años después el estudio construye un spinoff que en español se llamó “Haru en el reino de los gatos”.
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Es tan fiel la puesta en escena de la película que en Japón, en la estación SeisekiSakuragaoka del metro de Tokio, existe un panel con un mapa que invita a los transeúntes a recorrer el camino que hace el personaje de Shizuku persiguiendo al gato. Pero esta fina recreación del lugar no es en donde más se luce la ambición por el detalle en la que esta película destaca, hay otros elementos muy interesantes en el transcurrir de la historia. Por ejemplo, cuando Shizuku pierde de vista al gato en plena persecución, ella lo lamenta diciendo para sí misma que había pensado que sería el inicio de una historia, haciendo así un guiño a la habilidad de escritora de la protagonista, que es capaz de reconocer una manera en la que se puede dar inicio a una historia, y tratándose de su propia historia, este detalle es simplemente genial.
Otro ejemplo es el momento en el que Shizuku intenta apagar la lámpara de su habitación y debe incorporarse para lograrlo, aunque parece intrascendente, y dure muy pocos segundos, lo que se logra con esto es dar una naturalidad única para una película de animación, consiguiendo que el espectador se involucre en la historia con mucha facilidad.
A pesar de todo lo dicho, hay algo que podría crujirle a un espectador medianamente exigente. El personaje del abuelo de Seiji se convierte en el guía del viaje interior que hace Shizuku en búsqueda de su propio talento – personaje más que adecuado para esa tarea –, el problema viene cuando este personaje se toma varios minutos en verbalizar la lección que debe aprender Shizuku en la película, echando por tierra el tono sutil de la historia y la calidad de los diálogos que la película mostraba hasta ese momento. Por supuesto que luego de la explicación del abuelo, la película no solo retoma su ritmo inicial, también emprende su sorprendente camino hacia la resolución de la historia, que incluye la aparición del elemento fantástico que los seguidores de las películas del estudio estarían esperando desde el primer minuto.
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Estoy seguro que, a sus cortos doce años de edad, mi sobrina guardó para sí misma mucho de lo que vio en esa sala de cine aquella tarde. Estoy seguro que al volver a casa y retomar sus esfuerzos por dibujar a la perfección los paisajes y personajes que suelen andar en su cabeza, lo hizo sabiendo que estaba puliendo una piedra que tal vez rodee a una esmeralda, tal como se lo explicó el abuelo de Seiji.
Este texto apareció también en la Revista Digital de Cine Sala1 (www.revistasala1.com).

martes, 24 de febrero de 2015

Una luz de esperanza para Dragon Ball

Varios meses atrás circularon avances de lo que sería una serie live action (acción en vivo) basada en la serie Dragon Ball, específicamente en el episodio que describe lo que el personaje Trunks vive en su línea temporal.

El proyecto es totalmente independiente y ha sido realizado por fanáticos de la serie y el resultado es simplemente espectacular.

Dragon Ball Z: Light Of Hope es una serie de tres episodios que cuenta la historia de Trunks. Gohan, el hijo de Gokú, es el único sobreviviente de aquel grupo de guerreros liderados por su padre, ahora se debe enfrentar a los androides 17 y 18, convirtiéndose además en el maestro de Trunks, todo esto mientras que Bulma, madre de Trunks y viuda de Vegeta, prepara la máquina del tiempo que permitirá a su hijo retornar al pasado y pedir la ayuda de los guerreros de aquel entonces.

Les dejamos con el primer episodio.


Viendo esto, no podemos dejar de recordar aquella fallida historia hecha en Hollywood, Dragon Ball Evolution, una pésima representación de la tan aclamada serie.

Los efectos usados en este corto han sido muy bien realizados, el casting es muy acertado lo mismo que los escenarios. Es realmente un trabajo hecho con un alto grado de cariño por la serie original, todo un homenaje.

Aún podemos decir mucho más de este primer episodio pero nos extenderemos luego de observar la serie completa, por lo pronto sólo podemos decir que es espectacularmente disfrutable.


domingo, 15 de febrero de 2015

Memento, cine negro contemporáneo


Un antihéroe con el que empatizamos de inmediato, un policía corrupto que lo acompaña en su búsqueda y una femme fatale en todo el sentido de la palabra, personajes marginales fuera de la ley que ocultan sus intenciones bajo gestos fingidos y diálogos ingeniosos, en una historia en la que buenos y malos se confunden, donde se ha cometido un crimen y se van a cometer algunos más. Éste es el entorno incierto por donde suelen andar los protagonistas del cine negro clásico, un andar aún más extraviado para un protagonista con un problema mental.
Leonard sufre de amnesia anterógrada, una enfermedad que afecta la memoria a largo plazo impidiéndole generar nuevos recuerdos. Siendo consciente de su condición, Leonard ha creado un sistema basado en fotografías y anotaciones que le sirven para poder mantener el hilo de lo que va viviendo, más específicamente de lo que va descubriendo, puesto que Leonard está en la búsqueda del autor de la violación y asesinato de su esposa, que es el último recuerdo que Leonard tiene claro en su mente. En esta búsqueda Leonard no sabe en quién confiar, y su incapacidad mental complica esta situación; lleva siempre consigo una cámara Polaroid con la que hace fotografías de personas y lugares que va conociendo, las conserva y escribe anotaciones en ellas,deja mensajes dirigidos a sí mismo a través de tatuajes en su propio cuerpo, todo esto es parte de su sistema, y le funciona, pero algunos toman ventaja de su condición para su propio beneficio.

Esta es la trama principal de la película, narrada en dos líneas de tiempo que transcurren en direcciones temporales opuestas que al unirse forman una narración continua. La historia es contada empezando por el final, cuando Leonard mata a quien pronto descubrimos es el culpable del crimen de su mujer, y por lo tanto culpable también de su enfermedad mental. Pero mientras avanza la película, y vamos retrocediendo en el tiempo, descubrimos que existe la probabilidad de que Leonard haya matado al hombre equivocado, y empezamos a acompañarlo en su búsqueda. Es aquí donde se pone de manifiesto uno de los mayores logros de la película; la forma en la que se cuenta la historia consigue que empaticemos con la enfermedad del protagonista. Gracias al transcurrir inverso en el que se narra la trama principal, en cada secuencia tenemos la misma información que tiene el protagonista sobre los hechos precedentes, es decir, ninguna.
La narrativa inversa de la trama principal también nos obliga como espectadores a poner cada pieza de tiempo en su lugar y, como le ocurre al personaje, intentar adivinar las intenciones de los personajes secundarios en cada secuencia. La segunda línea de tiempo, que transcurre en un curso normal y se visualiza en blanco y negro, nos sirve para entender el pasado de Leonard antes del accidente que causó su enfermedad, entendemos así sus temores y motivaciones, y comprendemos el sistema que utiliza para mantener una secuencia coherente de hechos recientes, todo esto a través de una conversación telefónica en una habitación de hotel.
Finalmente ambas líneas de tiempo se unen para dar inicio al clímax y desenlace de la película. Los personajes secundarios van siendo definidos durante la película a través de los esbozos que significan las fotografías, las anotaciones y las intermitentes interacciones que tiene el protagonista con cada uno de ellos. Así es como entendemos la condena que significa para el protagonista padecer esta enfermedad, que le anula toda capacidad de establecer vínculos reales con el exterior.
Teddy es el compañero de Leonard en la búsqueda del asesino y violador de su mujer. Teddy es también un policía corrupto que utiliza a Leonard para matar a un narcotraficante llamado Jimmy y así poder quedarse con su dinero. Teddy es a quien vemos ser asesinado por Leonard en la primera secuencia de la película. Leonard consigue aparentes aliados en su búsqueda, pero cada uno tendrá intereses particulares en su relación con el protagonista, a quien utilizan para cometer delitos que saben luego no recordará. Ellos saben que cada vez que Leonard pierde la memoria tienen la oportunidad de convertirse en alguien distinto para él, y aprenden a manipularlo, pero no toman en cuenta que quien mejor puede manipular a Leonard es él mismo. Natalie es la mesera de un bar adonde Leonard llega casualmente gracias a una nota escrita por ella. Natalie es también la novia de Jimmy y utiliza a Leonard para deshacerse de un hombre llamado Dodd. Natalie es quien ayuda a Leonard a conseguir la información necesaria para llegar al asesino y violador de su esposa.
En general, los guiones cinematográficos son tan buenos como la manera en la que sus tramas secundarias se relacionan con la trama principal. La relación del protagonista con Teddy y con Natalie las conseguimos entender en el transcurso de la primera parte de la película y las vamos redefiniendo mientras se revelan las intenciones que cada uno tiene con Leonard a lo largo de la película. Pero la historia de Sammy Jamkis, aunque se presenta desde la primera parte de la película, sólo se introduce en la trama principal hacia el final, de manera inesperada y generando una interesante ambigüedad muy en coherencia con la situación mental del protagonista.


Sammy Jankis es un hombre que adquirió la misma enfermedad de la que sufre Leonard mientras éste último trabajaba como investigador en una compañía de seguros. Sammy Jankis es también a quien recurre Leonard mentalmente para tener conciencia de su propia enfermedad cada vez que lo olvida. Sammy Jankis asesinó involuntariamente a su esposa debido a su enfermedad. Leonard se niega a aceptar que en realidad él es Sammy Jankis.
Cine negro contemporáneo
La condición mental del protagonista, así como los artificios en la estructura del guion, nos pueden hacer clasificar fácilmente a esta película como un suspense psicológico. Sin embargo, podemos encontrar elementos suficientes que nos acercan mucho más a un cine negro contemporáneo.
Las dos líneas de tiempo se diferencian formalmente, y aunque es evidente que esta diferencia formal sirve principalmente para ayudar al espectador a seguir ambos hilos temporales sin problemas, el blanco y negro muy contrastado de una de estas líneas temporales es correctamente utilizado para entrar con facilidad en la historia que Leonard cuenta por teléfono. Así, este claroscuro tan típico del cine negro, ayuda a conseguir casi de inmediato la sensación de desorientación y soledad que acompaña al personaje durante toda la película.
El expresionismo visual es otro de los elementos importantes que distinguen al cine negro clásico, y aunque en esta película se utiliza parcialmente, es en la propuesta formal de la narración en donde cobra importancia. Memento tiene un guion expresionista, innovador para su época, que entre otros méritos ya indicados, ha logrado convertir una pequeña historia de búsqueda de venganza en un impresionante thriller psicológico neo noir, haciéndonos creer compleja una historia que contada de otro modo cabría en un estupendo cortometraje.
La película transcurre de día en su mayor parte, con secuencias exteriores bien iluminadas y sin mayor artificio visual. No se insiste en una estética de ambientes oscuros y cerrados característica del cine negro, pero a cambio de eso tenemos a una ciudad de Los Ángeles decadente, en donde siempre encontramos cerca un lugar para desaparecer, y también un lugar para hacer desaparecer a alguien. La oscuridad está en la psicología del personaje y en las de quienes lo acompañan.
Los diálogos se perciben más naturales que las clásicas líneas del cine negro, sin embargo, al conocer las intenciones de los personajes que rodean al protagonista en el transcurrir de la película, los sabemos tan fingidos como aquellos. Tal como en el cine negro clásico, las posturas del mundo subterráneo intentan pasar desapercibidas en la sociedad formal; la época y el contexto requiere que se cambien las palabras, pero no las intenciones. La femme fatale, otro elemento clave en el cine negro, aparece aquí en una versión acorde con nuestros tiempos; es explícita en sus intenciones y también sexualmente, pero no recibe ninguna clase de castigo por atreverse a transgredir el mundo de hombres en el que vive, como si ocurriría en el cine negro clásico.
Finalmente, esta historia de venganza resulta no ser tal y el drama psicológico termina cobrando más peso, sin embargo, y al más puro estilo del cine negro clásico, la historia que se cuenta termina siendo únicamente un pretexto para construir un retrato contemporáneo de una sociedad corrupta e individualista, habitada por personajes cínicos y solitarios.
Este texto apareció también en la Revista Digital de Cine Sala1 (www.revistasala1.com).