martes, 31 de enero de 2012

Los inmortales que soñamos

En un post anterior, mencionamos a Tarsem Singh, director de Mirror, Mirror (la versión de Blanca Nieves en tono de comedia protagonizada, entre otros actores, por Julia Roberts y que se estrenará este año). Aquella vez dijimos que si algo nos llamó la atención de su primer largometraje, The Cell (2000), fue su capacidad para crear escenarios superrealistas y personajes fantásticos a los que solo les faltaba un detalle: ser parte de una buena historia que contar. En The Cell, Vincent D'Onofrio interpretaba a un hombre de la ley que iba a la caza de un psicópata a cargo de Vince Vaughn.

Hasta allí nada diferente a otras cintas del mismo estilo, pero la presencia de Jennifer Lopez, y su capacidad para ingresar en los sueños de otras personas, le permitieron a Singh crear toda una parafernalia onírica y lúdica que sin duda era lo mejor: hay escenas realmente cautivantes; no por que se ajusten al término bello como tal –algunas pueden considerarse grotescas o cercanas al cine de terror–, sino por regalarnos esas imágenes –y su efecto sobre nosotros– que solo existen en nuestros sueños o quizás en un cuadro de Dalí. Pues bien, The Cell pasó sin pena ni gloria hasta que apareció 300 (2006) y no pudimos sino recordar aquel estilo de colores pasteles y acción detenida que habíamos visto ya con Singh. 
 

lunes, 23 de enero de 2012

El guerrero que no vimos

Si hay algo que disfruto cuando voy al cine son los tráilers o avances. Uno porque es curioso observar esas pequeñas obras de apenas minutos –algunas de las cuales bien podrían ser un buen corto– y segundo, porque siempre hay un grato placer en adivinar el efecto que estas producen en los espectadores.
A veces puede sentirse el entusiasmo, la alegría e incluso el devoto embeleso que genera en la platea algún inesperado adelanto, como la promesa de algo bueno que vendrá. Pero, siendo realista, cada vez hay menos arte en esto de los tráilers –que a fin de cuentas son como un aviso comercial–, pues buena parte se parecen; además, te echan a perder la película al resumir toda la trama en unos minutos.
  Y aunque una sabia persona me dijo que no me guiara de los tráilers, he comprobado que la mayoría te advierte, en términos de calidad, lo que será la película que anuncian. Sin embargo, en ocasiones ocurre lo contrario, y me he visto con felices sorpresas, tras rumiar mi ingreso a una sala donde se iba a proyectar una película que ya de antemano había condenado solo por un patético avance.
Hecha la advertencia aquí les dejo este tráiler de The Warrior's Way (2010), un adelanto por demás traicionero, pues lo que menos abunda en este film es acción por doquier; al contrario, al final de la misma sentirás que no hubo tanta acción como esperabas. Y en este caso está bien, pues se trata de un largometraje ligero, al buen estilo de las películas de hoy en día, que no por eso deja de entretener, tiene escenas risueñas y con dosis de emoción y un estilo visual simpático y lúdico (la lucha entre los forajidos y los espadachines es digno del mejor anime). 
Además, el bueno de la historia, Yang (interpretado por un acertado Dong-gun Jang) es el típico héroe solitario y silencioso (recién reparo en que dicho tipo calza bien tanto en los clásicos de samuráis como en los de cowboys). Por cierto, la música usada para el tráiler es terrible porque enajena por completo la intención del film. Ejemplo: la parte en que Kate Bosworth (Lynne) "lucha" en el desierto con Dong-gun Jang se acerca más a una danza que tiene de fondo musical... mejor vean la película.
Lástima que no llegó a nuestras salas de cine, porque entre tanta masacre y venganza del demonio tal por cual, o la típica comedia romántica de final feliz, The Warrior's Way bien pudo merecer estar al menos un par de semanas en la cartelera. 

sábado, 21 de enero de 2012

El Steve bueno

Hace poco hablamos de la nostalgia del cine y de un Tin Tin que no nos llegó a emocionar.  Curioso, pues ahora nos encontramos con un film que es una remembranza de películas de otras épocas y un director, Steven Spielberg, que esta vez nos hace reconocer sus aciertos. War Horse (2011) es una bonita (usamos esa palabra, pues es la más justa) película.
Si algo tiene Spielberg es su magistral capacidad narrativa: nos puede adentrar en una historia solo con unas pocas secuencias o llevarnos de una emoción a otra sin que nos demos cuenta. Si algo le va bien es la fantasía, las secuencias tiernas, los momentos de tensión y, por supuesto, la acción. Y todo eso se da en War Horse, cuyos primeros minutos –sin diálogos y de una plácida serenidad– nos advierten el tono del largometraje familiar y nos predisponen a seguir la historia sin mayor reparo. Lo que sigue es una serie de escenas que nos permiten conocer la vida de Albert (Jeremy Irvine), su familia y, por supuesto, el valiente corcel que da razón a la película. Los personajes y los hechos apelan a todos los arquetipos que hemos recogido a lo largo de los años en incontables películas: el pueblo rural y los simpáticos vecinos, el avaro terrateniente, el drama familiar y la lucha del hombre con la tierra y la naturaleza. Pero todo con un estilo ligero y optimista que nos permite dejarnos llevar seguros de que nada realmente malo sucederá. Y cuando parece que la estancia en la campiña se hace excesiva, llega la guerra y el peregrinaje de nuestro héroe (el corcel) que nos hará testigos de pequeñas historias a lo largo de las batallas.
No soy amante de contar la trama de una película, solo diré que es un film muy bien llevado (sobre todo en el último tercio en que toma mayor ritmo), con escenas bellamente filmadas y que nos devuelve, en parte, al mejor Spielberg, ese que nos permite salir del cine con una sonrisa y una sana alegría en el corazón. Tal vez su cuidado por no herir susceptibilidades y la ligereza en que se suceden los hechos (el guion está basado en una novela para niños de Michael Morpurgo) le resta fuerza dramática a los personajes que pasan ante nosotros, uno tras otro, algo lejanos, al igual que sus historias. El conjunto, digámoslo así, es relativamente más sólido que sus partes. Parece que no importa tanto el fondo como el efecto que se busca generar en el espectador (el final es de un clásico estilo de los cincuenta norteamericano, al igual que algunos movimientos de cámara, por supuesto que más estilizados).  Tal vez la clave está en que es una película navideña (fue estrenada el 25 de diciembre en Estados Unidos), lo que no afecta por cierto los méritos descritos.
Seguramente War Horse será nominado a varios premios. Nosotros nos quedamos con una película que está un poco por encima del promedio, pero aun así lo agradecemos: entre tanta acción y personajes digitales, nos regala una bella historia, de impecable ambientación, pulcramente dirigida, llena de felices emociones –ligeramente contenidas eso sí– y de un optimismo extraño para estas épocas. Un homenaje sin duda a las películas de antes, pero ajustado al rimo de los tiempos modernos, aunque a más de un espectador apresurado podría aburrir (¿gustará a los jóvenes de hoy?), porque aparte de buen director, sin duda el buen Steven tiene un agudo ojo comercial. Hollywood seguro lo aplaudirá.


viernes, 20 de enero de 2012

Morrisey en Lima

Esta es una excelente noticia para todos los fanáticos de este genial músico inglés, tendremos la oportunidad de verlo en vivo este 29 de febrero en el Jockey Club del Perú.
La web Morrisey-Solo ha publicado la información de su gira sudamericana que incluye sus presentaciones en el Festival de Viña del Mar, Santiago de Chile y Lima, además de presentaciones en Colombia y Argentina que aún no han sido publicadas.
Esta es una oportunidad única de ver a una de las leyendas de la música británica.
Morrisey es conocido por ser el líder de la famosa banda The Smiths que surgió en la década de los 80, aunque goza de una muy exitosa carrera como solista (iniciada en 1987 con la disolución del grupo).
Como una pequeña muestra les dejamos uno de los temas más conocidos How Soon Is Now


Y un tema clásico de Morrisey como solista, Every Day Is Like Sunday

Para no perdérselo.


Actualización: La fecha de este espectacular concierto ha cambiado, ahora será el 14 de marzo.

Cuando Chaplin hace de Holmes

De Guy Ritchie lo mejor ha sido Lock, Stock and Two Smoking Barrels (1998) y Snatch (2000), en ese orden. Todo lo demás, de una u otra forma, es la reiteración de un estilo que, con un poco más de desenfado en algunos casos, más drama en otros o más acción en el resto es, en el fondo, lo mismo. Swept Away (2002) con Madonna ni siquiera vale la pena analizar.
En el 2009 nos regaló su Sherlock Holmes con Robert Downey Jr. (Sherlock Holmes) y Jude Law (Dr. John Watson). Debo reconocer que no entendí la elección y que incluso me pareció, puesto en el caso de tener que escoger entre ambos actores, que lo ideal era invertir los papeles: Jude Law debía ser Sherlock Holmes y Downey Jr., qué más nos quedaba, el Dr. John Watson. Ingenuidad de nuestra parte. Pues  ¿Quién mejor que Downey Jr. para representar a un egocéntrico, estrafalario, irreverente, disoluto, obsesivo, delirante y acrobático (como un buen Chaplin) Sherlock Holmes? Y todo lo anterior, sin perder la gracia ni el carisma, aun cuando la película se extienda más de lo debido y se vuelva densa entre la maraña de efectos visuales, escenarios recargados y acción sin fin.
Porque si algo padeció la primera entrega del buen Sherlock fue el exceso de todo lo anterior. A eso hay que añadir el estilo de Ritchie por regresar sobre sus mismos pasos para explicar alguna treta o artimaña de Holmes (lo que está bien un par de veces, pero no siempre) y su gusto por un uso especial de la cámara lenta para incidir en la acción o llevar al espectador a otro nivel visual (fin que se pierde por completo cuando el director parece gozar más de todos esos artilugios antes que en narrar la historia).
En resumen, el primer Holmes mareaba y dejaba la sensación de que una dosis moderada de todas sus partes nos permitiría esperar una mejor secuela. Cosa que sucede, por momentos, con Sherlock Holmes: A Game of Shadows (2011). Empieza bien, sin excesos, salvo por un Downey Jr. que aprovecha su carisma al límite para darnos un Holmes más acelerado que el anterior (justo cuando era él lo único que estaba en equilibrio entre lo desfachatado y lo creíble de la primera película). Su personaje luce siempre algo delirante y enajenado –hay una escena en que simplemente uno piensa que sería el Jocker perfecto si Nolan se atreviese a resucitar el personaje–, al punto de que hay que aceptar todo lo que hace –aun cuando raye en lo absurdo– porque es… Sherlock Holmes.

jueves, 19 de enero de 2012

El regreso de Eric


Si Dark City (1998) es la mejor película de Alex Proyas, The Crow (1994) es la más intensa y, tal vez, la más desgarradora. No recuerdo un largometraje, basado en un cómic, tan bien hecho. Al menos para entonces. Me refiero a una película oscura, que se tomara en serio la historia, que buscara darle un estilo visual por encima del promedio, que se comprometiera con el personaje, que lo hiciera creíble. ¿Fue solo un film para los jóvenes de aquellos años con un héroe más real, que sangraba, que moría, que se vengaba y eliminaba a sus enemigos? Al fin y al cabo, la novela gráfica -creada por James O’Barr y cuyo origen merece un post adicional- fue un éxito como historieta independiente.

Tal vez por ese aire adolescente –a pesar de su relativa crudeza–, The Crow quedó en el recuerdo de una generación, pero no pasó de ser considerado un film aceptable para un público joven, lo suficiente para hacer tres continuaciones, The Crow: City of Angels (1996), The Crow: Salvation (2000) y The Crow: Wicked Prayer (2005) –una réplica sin éxito, otra intrascendente y la tercera, simplemente patética–; y una serie de televisión The Crow: Stairway to Heaven (1998) –sin comentarios– que solo buscaron apilar las ganancias dejadas por la original y transformaron la historia en una fórmula comercial y acartonada para adolescentes.

En su género, y a diferencia de muchas otras películas, The Crow es verosímil y seria. Tiene numerosas secuencias que se pueden disfrutar por sí solas por lo bien que están hechas y la interpretación de Brandon Lee es sincera y emotiva. La fotografía, el ritmo, los diálogos, la edición van a la par del buen pulso que tuvo Proyas al dirigirla. El soundtrack es muy recomendable: visceral y corrosivo, replica la atmósfera y la esencia del film.

Por cierto, amenazan con una nueva versión de The Crow (2013). Al pobre Eric Draven no lo dejan descansar en paz.




miércoles, 18 de enero de 2012

Todo lo hice por ella

Hace poco me tope de nuevo con una película que en su momento me causó un cierto impacto, se trata de The Butterfly Effect (2004), donde el protagonista, Evan Treborn (Ashton kutcher), trata de arreglar su vida y la de sus seres queridos de una forma poco convencional: viajando en el tiempo.


La película fue escrita y dirigida por Eric Bress en colaboración con J. Mackye Gruber, y si bien tiene momentos muy bien logrados y un guión muy interesante, pierde fuerza en la actuación de Kutcher y en algunos momentos demasiado previsibles y hasta exagerados (sobre todo las rabietas del personaje Tommy).


Algo interesante es que hemos podido ver varios finales alternativos, en uno de ellos el personaje de Kutcher regresa hasta el momento mismo en el que está a punto de nacer y para evitar todos los acontecimientos que se sucederán, toma una decisión fatal.


Al recordar el argumento no pude dejar de pensar en las consecuencias de nuestros actos y en los acontecimientos que se sucederían si hubiéramos cambiado un simple suceso en nuestra vida. De hecho no pude evitar recordar la novela The End Of Eternity (1955) de Isaac Asimov donde una  poderosa organización, la Eternidad, enfrenta la mayor de sus crisis debido a las decisiones de uno de los suyos, el ejecutor Andrew Harlan.


Ambas historias tienen como punto en común los viajes en el tiempo y la motivación de los protagonistas: una mujer.


Y es que el atormentado Evan siempre debe arreglar las cosas para asegurar el bienestar de Kayleigh, su amiga de la infancia y su gran amor. En el caso del casi frío y calculador Andrew, su motivación es mantener su relación oculta con Noys Lambent aún a costa de todo lo que conoce.


Y es que parece ser que las féminas son la más grande motivación que tenemos y por las que estamos dispuestos a hacer grandes cambios, y es en este punto en el que vale la pena preguntarse si ¿alguna vez hemos hecho algo fuera de lo común para nosotros por el simple pedido alguna amiga o de nuestra pareja? o mejor aún ¿alguna vez hemos hecho algo sólo porque pensamos que a ella le gustaría que lo hiciéramos?


Evan y Andrew lo hicieron y ambos asumieron las consecuencias de sus actos o por lo menos eso podemos inferir, así que si pensaste hacer algo sólo porque a ella podría gustarle, recuerda que también deberás aceptar las consecuencias de tus propias acciones.